juan rulfo
A fondo
Cabecera. Juan Rulfo. La Crítica Literaria

Juan Rulfo
y la crítica literaria

Título: Textos sobre José Guadalupe de Anda,
Rafael F. Muñoz y Mariano Azuela
Autor: Juan Rulfo
Edita: Universidad Autónoma de Aguascalientes
y Fundación Juan Rulfo


- PRESENTACIÓN

- Sobre José Guadalupe de Anda   (Extracto)

- Sobre Rafael F. Muñoz   (Extracto)

Portadas de "Juan Rulfo"

Juan Rulfo no podía ser indiferente al tema –e incluso el ejercicio- de la crítica literaria. Habló de la misma y la practicó, si bien de manera ocasional, en entrevistas y algunas conferencias (como la titulada “Situación actual de la novela contemporánea”, que leyera en el Instituto de Ciencias y Artes de Chiapas en agosto de 1965). Pero es poco conocido que hubiese tenido un programa radiofónico dedicado a la crítica literaria, y que éste fue sobre la novela y los novelistas de su tiempo. En un recorte periodístico de 1956 conservado en el archivo de Rulfo se publicó una reseña sobre los primeros programas de esa serie, que inició con su revisión de la obra de José Guadalupe de Anda, autor por cuya obra manifestó siempre el mayor aprecio. Es muy posible que a esa serie perteneciera también un texto dedicado a Rafael F. Muñoz, otro escritor por el que Rulfo se expresaba de manera entusiasta. Quizá pertenezcan a este conjunto, por último, unas breves líneas sobre Mariano Azuela. Los tres textos se incluyen en este breve libro.

Será muy útil para el lector de la parte dedicada a De Anda conocer previamente el Prólogo dedicado a este autor por Octavio G. Barreda en la edición de 1941 de Los cristeros, que citan tanto Juan Rulfo como el autor de la reseña periodística mencionada más arriba. En el presente volumen se reproduce ésta, que resume eficazmente las primeras intervenciones radiofónicas de Rulfo.  

 

____________________________________________________________________________



Sobre José Guadalupe de Anda (Extracto)

Ninguna como las obras de De Anda para decir la verdad en torno a la más inútil de las matanzas que ha sufrido México; ninguno como él para relatar, en el lenguaje exacto, lo que exactamente es el “alteño”, el “lomilargo” de Jalisco. Allí está Policarpo Bermúdez, quien en los azares de aquella guerra tiene tiempo para buscar el amor; tiene la ingenuidad de querer asaltar las Islas Marías, adonde le han refundido a la mujer que quería, y tiene la resignación de saber sobreponerse cuando sabe que “aquella es la tierra de irás y no volverás”. Y, por fin, cuando se le ha causado la muerte, el valiente muere a manos del cura Vega, incitador de la revuelta pero corroído por la envidia que refleja el verdadero valor de Policarpo Bermúdez, un hombre que se levantó en armas para luchar por Dios, aunque ignorante de que los representantes de Dios sobre la tierra podían esgrimir el poder de la Cruz para asesinarlo. Ya lo dice el corrido:

Brama cerro de San Pedro
Ruge cerro de Picachos,
han matado a Policarpo,
el más macho de los machos…
lloren y recen por él
vecinos de San Julián.

Y así, en las estrofas que refieren tiempo después lo que sucedió “ese triste año del 28”, contenidas en la segunda novela de José Guadalupe de Anda, titulada Los Bragados, vemos como quedó epilogado un capítulo de nuestra historia. Capítulo importante por toda la estulticia, estupidez y vana muerte de tantos y tantos que fueron arrastrados a una guerra que asoló las tierras de Jalisco, en que acabó lo mejor y lo más generoso de la juventud de ese pueblo.

> subir

____________________________________________________________________________



Sobre Rafael F. Muñoz (Extracto)

De los escritores de la Revolución Mexicana Rafael F. Muñoz es quien mejor refleja en sus obras un ámbito poético, dentro del árido mundo en que éstas se desarrollan.
Nació Rafael F. Muñoz en Chihuahua en 1899. A los 16 años toma parte activa en la Revolución como reportero de un diario de la capital de su Estado y así conoce y presencia de cerca los acontecimientos que más tarde servirán de materia prima para sus libros.
R. Morton dice de él que en la obra de Muñoz siempre estará presente la sombra impresionante de Francisco Villa, así como que nunca lo abandonará, ni aún en sus novelas, ese estilo directo, exento de detalles que caracteriza al periodista, oficio en el que sigue activo Rafael F. Muñoz.
Al término de la Revolución inicia Muñoz sus actividades en la capital de la República y publica periódicamente en “El Universal” sus primeros cuentos, que reúne posteriormente en el volumen titulado El feroz cabecilla.
Estos relatos, verdaderos ejemplares de pureza narrativa literaria, se caracterizan desde luego por el estilo crudo que Muñoz seguirá manejando subsecuentemente con mayor habilidad. Uno de los cuentos incluidos en esta serie, “Oro, caballo y hombre” es el que con más frecuencia se reproduce en antologías. Narra la muerte del sanguinario Fierro, lugarteniente de Villa, al hundirse en un pantano bajo el peso del oro.
El tratamiento que Muñoz utiliza para contarnos esta anécdota nos recuerda el usado por el escritor norteamericano Conrad Aiken, en el sentido de escamotearle al lector hasta el final el resultado. Y también al empezar a relatar aquella cosa como algo sin importancia, la que va adquiriendo conforme se avanza en la lectura, pero, como antes decía, sin dar a sospechar el resultado final.
Esta coincidencia viene al caso, ya que Aiken es uno de los más hábiles escritores de este tipo de narraciones y el que Muñoz, seguramente creador de su propio estilo, coincida, nos muestra una más de sus cualidades.
Sin abandonar su tarea periodística, Muñoz publica su primera novela, ¡Vámonos con Pancho Villa! Aunque tratada en forma anecdótica, limitada a episodios breves, tal parece como si estuviéramos ante una serie  de cuentos; con todo, la acción sigue una secuencia lógica y novelada, y su personaje central, Francisco Villa, no abandonado en ningún momento, le da la unidad requerida.
Pocas obras tienen el raudal de conocimientos sobre la sombría figura de Villa como el que posee Muñoz para relatarnos sus hazañas. Y lo más admirable de esto es la imparcialidad, pues a pesar de la admiración que el autor tiene hacia su personaje, siempre lo trata de manera objetiva, sin conmoverse ni exaltarse. Antes, y en frecuentes ocasiones, se vale de las circunstancias para usar un tono irónico, casi burlesco.
Fue con ¡Vámonos con Pancho Villa! que Muñoz se dio a conocer no sólo como el narrador de los hechos del Guerrillero del Norte, sino como uno de los clásicos de la Revolución Mexicana.
Su estilo, diferente al de Azuela o al de Martín Luis Guzmán, le otorgó una categoría muy personal y, más que nada, su manera de decir las cosas lo diferencia marcadamente de los escritores de esta época. Fue el primero, que yo sepa, que incursionó en los áridos temas de la Revolución enmarcando las acciones de aquellos guerreros con hilos poéticos, describiéndolos amablemente, se puede decir que hasta con lástima, dentro de la socarronería que encierra allá en sus profundidades el estilo de Muñoz.

> subir